Educar es enseñar a pensar, no qué pensar

Por. Brizeida Hernández Sánchez
ISBN 978 – 9962- 00- 797- 5
Educadora especializada

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En la primera mitad del siglo XX los docentes gozaban de un considerable status social como parte de la “clase pensante”. Si bien se aceptaba que no eran sabios al estilo de un científico, eran reconocidos como la voz de la autoridad en el desarrollo madurativo, cognitivo y afectivo de los estudiantes, y su crédito se percibía como decisivo.
Los docentes son los productores de la cultura, hacen posible el desarrollo, sus enseñanzas ostentan el poder de determinar el curso futuro de las comunidades, naciones, e incluso de nuestro planeta. Educar por competencias es una alternativa de formación ordenada y moral frente al desafío de enseñar a pensar, llevando a los estudiantes a predecir, inferir y no a repetir ni memorizar.
Es hora que como trabajadores del conocimiento en esta sociedad propongamos respuestas oportunas a los desafíos sociales que nos ocuparán por décadas. Reiterar el paradigma del hombre culto, moral y solidario a participar en la elaboración de ese mismo conocimiento y dejar aún lado solo transmitirlos, con una intelectualidad seria, responsable, profunda y comprometida, construida en el análisis de la realidad, urge incrementar la sapiencia del docente a pensador crítico y volverlo a las filas de la intelectualidad y enseñar a pensar, y no qué pensar.
Es necesaria la capacidad de debatir la historia que se enseña, o teorizar sobre la ciencia que imparten en el aula, pero el mayor impulso es el amor, los ideales, su capacidad de razonamiento, sentido crítico, curiosidad, deseo de conocer, de explicar, intervenir sobre la realidad y las necesidades de cada participante del saber.
La misión como arquitectos de vida es potenciar la actitud positiva hacia el estudio, el papel activo y protagonista de un aprendizaje funcional, real, cada educador guía la importancia de aprender a convivir, aprender, a desaprender y sobre todo a ser una persona competente. John Dewey, nos lego una misión indiscutible del intelecto, para el intelecto; los conocimientos son productos del esfuerzo del hombre por resolver problema en su estado del arte.
La efectividad de la educación depende de la calidad de los recursos y la capacidad de administrar y transformarlos en aprendizaje; el principal atributo de las escuelas son los educadores estos son el resultado de su formación, experiencia, motivación y estímulos que reciben para mantenerse en esta profesión universal y ejercerla con humildad y actitud crítica.
Los estudiantes tienen la misión de apropiarse del aprendizaje, la familia el compromiso de apoyar los esfuerzos para mejorar, los docentes se comprometen a llevarlos a pensar, a replantar, a crear nuevas teorías y a describir nuevas formas de aprender. Resaltamos el día del maestro como una profesión de amor y fe.